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Tania Torrepaso, productora musical: "A las mujeres aún nos quedan muchas batallas por librar para hacer valer nuestros derechos"

Tania Torrepaso no parece tener ninguna intención de pedir permiso. Productora de "Las Políticas" y "Las Duquesas", ha construido alrededor de ambos proyectos una identidad musical donde las mujeres no aparecen como acompañantes, musas ni víctimas decorativas: mandan, responden, se equivocan, se defienden y, cuando hace falta, enseñan los dientes.

Con "Con mi amiga no te metes" y "La antiheroína" sobre la mesa, hablamos con ella de feminismo, sororidad, mujeres incómodas y de esa vieja costumbre de exigir a las mujeres que sean agradables incluso cuando están siendo pisoteadas.

- Tania, hay una frase que parece resumir bastante bien vuestra filosofía: "Con mi amiga no te metes".

- Sí. Y además queríamos que fuera una frase muy sencilla. No hace falta escribir un tratado de filosofía para decirle a alguien: "Deja tranquila a mi amiga".

Durante muchísimo tiempo se ha educado a las mujeres para competir entre ellas. Quién es más guapa, quién tiene más éxito, quién consigue al hombre, quién viste mejor, quién envejece mejor... Todo el rato enfrentadas.

Nosotras queríamos darle la vuelta.

Cuando una mujer ve que otra está siendo humillada, controlada o utilizada, no tiene por qué mirar hacia otro lado. Puede ponerse a su lado y decir: "Hasta aquí".

- La canción, además, es bastante agresiva.

- ¡Claro! [Ríe.] ¿Y por qué una mujer tiene que expresarse siempre con delicadeza?

Ese es uno de los temas que más me interesan del feminismo. A una mujer se le permite estar enfadada, pero sólo hasta cierto punto. Puede decir que está molesta, pero si levanta demasiado la voz ya es "histérica". Puede defenderse, pero si responde con contundencia es "agresiva". Puede tener carácter, pero entonces es "difícil".

Parece que nuestra personalidad siempre tiene que venir con el volumen bajado.

Pues no.

- En "Con mi amiga no te metes" aparece una mujer dispuesta a intervenir cuando ve que otra está sufriendo.

- Exactamente. Y ahí está la idea de sororidad.

Pero no me interesa la sororidad entendida como "todas las mujeres somos maravillosas y nunca nos hacemos daño". Eso sería infantil.

Las mujeres podemos ser mezquinas, egoístas, manipuladoras, injustas... igual que los hombres.

Lo que reivindicamos es otra cosa: que una mujer no tenga que enfrentarse sola a determinadas situaciones simplemente porque las demás han decidido no complicarse la vida.

- Y entonces aparece "La antiheroína", que es casi lo contrario.

- No exactamente lo contrario. Es la otra cara.

La protagonista de "La antiheroína" no está preocupada por caer bien. Y eso me parece tremendamente feminista.

No quiere ser la chica simpática. No quiere ser la secretaria perfecta. No quiere sonreír mientras alguien intenta utilizarla. No quiere agradecer cada migaja que le ofrecen. Es una mujer con poder y con defectos.

Y eso es importante.

- ¿Por qué?

- Porque incluso cuando se intenta representar a mujeres fuertes, muchas veces se las convierte en personajes moralmente impecables.

Un hombre puede ser un déspota, un genio, un sinvergüenza, un antihéroe, un egoísta... y sigue siendo un personaje interesante.

Cuando hacemos lo mismo con una mujer, inmediatamente aparece la pregunta:

"Pero... ¿es buena persona?"

Pues quizá no, ¡y qué! Déjala existir.

- ¿Crees que todavía hay una exigencia especial hacia las mujeres para que sean "buenas"?

- Absolutamente. Y no sólo buenas. Agradables. Que sonrían. Que comprendan. Que perdonen. Que tengan paciencia. Que no sean demasiado ambiciosas. Que no intimiden. Que no sean demasiado sexuales, pero tampoco demasiado recatadas. Que envejezcan bien. Que sean independientes, pero que tampoco resulten demasiado independientes.

Es una lista interminable. Y cuando una mujer dice simplemente:

"No quiero", ya empieza el problema.

- ¿Por eso aparecen tantas mujeres con carácter?

- Sí. Porque el carácter femenino sigue incomodando muchísimo.

Una mujer que sabe lo que quiere resulta fascinante para unas personas y amenazante para otras.

Una mujer que sabe lo que no quiere puede resultar todavía más amenazante.

Y ahí está la gracia de La antiheroína.

Ella no dice: "Por favor, respetadme".

Dice:

"No voy a participar en vuestro juego".

Eso cambia completamente la posición desde la que habla.

- ¿"Las Políticas" y "Las Duquesas" representan el mismo feminismo?

- Comparten una raíz, pero tienen personalidades diferentes.

"Las Políticas" son más directas, más combativas, más de señalar determinadas situaciones con el dedo.

"Las Duquesas" tienen una estética más teatral. Nos permiten jugar con personajes femeninos exagerados, poderosos, incluso incómodos.

Pero ambas parten de la misma idea: una mujer no necesita ser víctima para merecer protagonismo.

- Hay algo curioso en vuestras letras: muchas protagonistas no esperan a que venga alguien a salvarlas.

- ¡Claro! Eso es fundamental. No queremos escribir siempre la historia de la mujer que está encerrada esperando que llegue alguien a rescatarla.

A veces queremos escribir la historia de la mujer que rompe la puerta. [Ríe.] Y si además tiene mala leche, mejor.

- ¿Crees que el feminismo actual todavía tiene batallas importantes por librar?

- Muchísimas. Y sería muy ingenuo pensar que porque las mujeres hemos conseguido derechos importantes ya está todo solucionado.

Todavía hay desigualdades, violencia, discriminación, presión estética, problemas de conciliación, dificultades profesionales y una cantidad enorme de comportamientos normalizados que ni siquiera se cuestionan.

Pero hay otra batalla que me interesa especialmente: la batalla cultural. Porque una ley puede cambiar en un día. Una mentalidad tarda muchísimo más.

- ¿Qué quieres decir?

- Que puedes decirle a una mujer que tiene derecho a ser independiente y, simultáneamente, seguir educándola para que crea que una mujer "de verdad" tiene que ser dulce, complaciente y sacrificada.

Las leyes pueden decir una cosa, pero la cultura sigue diciendo otra. Y ahí tenemos muchísimo trabajo.

- ¿Entonces una canción puede ser una herramienta feminista?

- Por supuesto. Una canción no va a cambiar una ley, pero puede conseguir algo muy importante: hacer que alguien se reconozca en ella.

Que una chica escuche una letra y piense:

"Esto que me pasa tiene un nombre".

O:

"No soy la única".

O incluso:

"Estoy harta".

Y ese "estoy harta" puede ser un comienzo estupendo.

- En "La antiheroína" hay una frase especialmente significativa: "No soy vuestra bailarina".

- Sí. Porque resume muy bien lo que queremos decir. Durante siglos se ha esperado que las mujeres desempeñaran papeles escritos por otros: la novia, la esposa, la madre, la musa, la secretaria, la chica bonita, la dulce, la mujer que acompaña al protagonista masculino...

Nosotras queremos personajes femeninos que puedan decir: "Yo no estoy aquí para completar vuestra historia. Tengo la mía".

- ¿Y qué le dirías a una mujer que todavía tiene miedo de parecer demasiado fuerte?

Tania se queda unos segundos en silencio.

- Que quizá ha pasado demasiado tiempo preocupándose por cómo la perciben los demás. Y que hay una pregunta mucho más importante:

"¿Cómo me percibo yo cuando estoy sola?"

Porque al final no puedes construir tu vida intentando no incomodar a nadie, siempre habrá alguien que piense que eres demasiado seria, o demasiado ambiciosa, demasiado independiente, demasiado directa, demasiado vieja, demasiado joven, demasiado guapa, demasiado fea, demasiado ruidosa, demasiado silenciosa... Así que llega un momento en que tienes que decir:

"Vale. Seré demasiado para vosotros. Pero al menos seré suficiente para mí".

- Última pregunta. Si tuvieras que resumir el mensaje de "Las Políticas" y "Las Duquesas" en una sola frase, ¿cuál sería?

Tania sonríe.

- Esta:

"A las mujeres aún nos quedan muchas batallas por librar para hacer valer nuestros derechos, pero ya no tenemos ninguna obligación de librarlas pidiendo perdón por ocupar espacio".

- Gracias Tania. Y quizá esa sea precisamente la razón por la que estas mujeres resultan tan incómodas.

Porque no están esperando autorización.

Han venido a triunfar.