"Rock en el mercancías", un canto a la libertad y a la simplicidad

Esta canción de Oxidiana, "Rock en el mercancías", es un hermoso canto a la libertad nómada, a la vida como un viaje sin hoja de ruta fija, donde el destino no es un lugar, sino una forma de estar en el mundo.

El tren de mercancías es el símbolo central: no es un medio de transporte pulcro ni con horarios predecibles. Es pesado, lento ("paso cansino", "oruga interminable"), atraviesa páramos, no tiene "andén" fijo. Es una metáfora de una vida al margen de lo institucional, de lo establecido. Quien viaja así no espera en estaciones bonitas; se sube a lo que pasa y acepta el ritmo pausado del mundo.

Y sobre ese tren precario e incierto, la protagonista elige tocar la guitarra. Ahí está la clave: el arte como compañero de viaje, pero también como ancla y resistencia. Tocar la guitarra no es un lujo, es lo que "hace pasar el día", lo que llena el tiempo sin preguntar adónde se llega. Es una forma de estar tranquila en medio de la incertidumbre.

El azar guía el viaje, y eso no se vive con angustia, sino con una aceptación casi espiritual: "viajo a un destino que mi alma pida". No es un destino geográfico, sino existencial. Es escuchar el deseo profundo, sin mapas ni promesas de éxito.

La mochila vieja, la Fender, las cuerdas fieles, el café, los sacos amontonados... todo es mínimo pero suficiente. No hay nostalgia de un hogar fijo ("sin nada añorar"), porque la añoranza sería un ancla que impide seguir rodando. En cambio, hay una atención plena al paisaje que cambia: campiña, puertos, barcos con "gran quehacer" (el mundo afuera sigue su ritmo productivo, mientras ella elige otro compás).

Reflexión final: esta canción nos invita a preguntarnos: ¿necesitamos un destino claro para sentir que avanzamos? ¿Podemos confiar en el azar y en lo que "nuestra alma pida" sin que el miedo nos paralice? Oxidiana no idealiza la pobreza ni la dureza del viaje (el tren es cansino, el vagón solitario), pero encuentra en esa dureza una paz auténtica: la de quien ha soltado la necesidad de controlar el futuro y se ha agarrado a lo único que realmente posee: su canción presente.

Es un rock tranquilo, paradójicamente: la energía del rock está en la actitud, no en el volumen. Y esa actitud es decir "soy libre porque no espero nada, y toco porque es lo que soy".